Sin ojos, sin justicia

Jorge Francisco Sambrano

“La paz exige cuatro condiciones esenciales: verdad, justicia, amor y libertad”. Una grandiosa frase de San Juan Pablo II que sintetiza lo que necesitamos para tener paz. Pero detengámonos por un momento en una de esas condiciones, una palabra cuyo concepto se ha desintegrado en nuestro país: justicia. «¿Justicia?», retumbó en mis pensamientos toda la semana tras tantos acontecimientos que vive Venezuela y sufre nuestra ciudadanía actualmente, y me hice la pregunta sobre el significado de tan hermosa palabra. La justicia es un derecho humano fundamental que el Estado, como garante del poder que le ha sido conferido por los administrados, está en el deber de impartir. Por ello cada nación, desde la óptica del hecho social que le da origen a sus instituciones, ha interpretado de distintas formas lo que debe entenderse por justicia y la manera como la misma debe ser administrada.

La justicia no es más que darle a cada quien lo que merece según sus actos. La justicia está representada por una mujer que lleva una venda en sus ojos y en una de sus manos una balanza, demostrando qué tiene más peso y, sobre todo, que es imparcial. La justicia no debería tener manchas en un país con tantas leyes. Si recapitulamos cómo ha recaído el sistema de justicia a través de los años, llegaríamos a concluir que todo ha sido culpa de una nefasta corrupción. La corrupción es el antónimo de la justicia y ambas palabras no se pueden fusionar ya que son distintas, heterogéneas. ¿Pero, qué ha sucedido con estas dos palabras?

Lamento decir que en la actualidad la justicia en Venezuela ha sido influenciada por la corrupción de los altos actores de este narcoestado, quitándole a esta su imparcialidad, retirando la importancia de la presunción de inocencia, violando flagrantemente el debido proceso y, lo que es peor, vendiéndose al mejor postor, dejándose llevar y dominar por el apellido que lleve algún imputado. Un ejemplo notorio es el de la jueza María Lourdes Afiuni.

Hay que destacar que el sistema judicial ha sido violentado por uno de los poderes más emblemáticos de nuestra Constitución: el Poder Ejecutivo y su partido de Gobierno, un poder y un partido que han creído y han hecho creer a un pueblo que es el único; se ha encargado de que la justicia sea promiscua, dejándola atada a la corrupción. El disfraz no se ve solo en carnaval sino a diario, cuando muchos poderosos del sistema rojo visten a la corrupción con la vestimenta de la justicia, dejando a esta desnuda y confundiendo a muchos. He allí la génesis del nombre de este artículo. No me cansaré de repetir: «El Poder Ejecutivo es empleado del pueblo, el pueblo no puede temblar ante él, es él quien tiene que temblar ante el pueblo; no es la justicia quien tiembla ante la corrupción, es la corrupción quien debe temblar ante la justicia».

¿Quién duda de que el cáncer que corroe al sistema de justicia ha hecho metástasis? Basta recordar la triste frase del exmagistrado Aponte Aponte, en cuanto a que en Venezuela existe “una justicia de plastilina que se moldea”; o los múltiples ejemplos que el debido proceso, piedra angular del actual COPP, ha degenerado en procesos indebidos. Preguntémonos con sinceridad: ¿Se decide con imparcialidad? ¿Hay Estado de derecho? ¿Hay separación de poderes? ¿El gobierno controla las cárceles? ¿Si no lo hace, cómo puede garantizar la seguridad y la vida de los venezolanos en la calle? Si el aparato coercitivo del Estado no puede controlar a los privados de libertad ¿cómo controlará a los delincuentes que andan sueltos? ¿El miedo de ser funcionario es porque los cuerpos de seguridad no están en capacidad de garantizar su integridad? Soy fiel creyente de que el bien prevalece sobre el mal y, por eso, no culpo a los funcionarios. Muchos están atemorizados ya que ellos y sus familias son amenazados, pero el ejemplo de Karla Moreno sigue y seguirá vigente.

El sistema judicial es como el mecanismo de un reloj: cada pieza (institución) es esencial para que funcione y dé la hora justa. En el proceso penal los jueces, los fiscales y funcionarios son como las manecillas, vale decir, son el mecanismo visible. Por eso hay que reformar de fondo el Poder Judicial y sus instituciones. En materia penal, asegurar la eficiencia del sistema acusatorio y del juicio oral y público, preservándolo de cualquier sospecha de que pueda ser usado para castigar o favorecer a algún ciudadano por su posición u opinión. El estado actual de la justicia criolla debe mover a la opinión pública a buscar los correctivos para salvarla y depurarla, porque el sistema de justicia tiene que ver con la vida, con la libertad, con la igualdad, con los derechos humanos, con la propiedad, con el estado civil, con la convivencia, con la sucesión, etc.; vale decir, con los principios fundamentales del hombre y su sociedad. La justicia prevalecerá y nuevamente veremos una aurora en nuestra bandera. La corrupción será anulada, porque el mal no dura para siempre.

@JorgeFSambrano
#RendirseNoEsUnaOpcion

Aun con buenas cartas, podemos perder la partida

El poder envilecido